PRÓLOGO. ASÍ MANIPULA EL INDEPENDENTISMO CATALÁN LA NUMISMÁTICA MEDIEVAL. 3ª Parte.

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La 1ª ParteAQUÍ.

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Redactando lo que iba a ser la tercera y última parte de este prólogo caí en la cuenta que en su día vi dos pergaminos que probaban lo que estaba escribiendo. No lo puedo evitar y los traigo ya a colación, esto implica que habrá una cuarta parte.

Fue en 2007. Ante mi emoción mal contenida se me permitió fotografiarlos, claro está que sin flash:

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Al tenerlos delante sentí lo mismo que con el Moisés o el David de Miguel Ángel, aunque dicen que el síndrome de Stendhal sobreviene solo por belleza de monumentos, paisajes u obras de arte.

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Antes de analizarlos abordo algunas cuestiones sobre su depósito documental.

1. El Archivo de la Corona de Aragón.

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Extracto de la recensión realizada por José María de Francisco Olmos del libro «Glossari català de Numismàtica, amb totes les poblacions emissores (països catalans i Corona catalano-aragonesa)» por Crusafont (2017):


Una supuesta “defensa” de la catalanidad le lleva a rechazar los nombres oficiales de algunas instituciones, como el del Archivo de la Corona de Aragón (ACA), ignorando de forma increíble para un historiador la formación y posterior desarrollo de los fondos de este Archivo, y que en cualquier caso se debe citar por su nombre oficial, y no por el que a algunos les gustaría que tuviese.

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El ACA custodia el fondo documental de la Casa de Aragón (se remonta a la creación del reino de Aragón), más los archivos de diversas instituciones procedentes de los cuatro territorios españoles que comprendió la Corona de Aragón (Aragón, Cataluña, Valencia e Islas Baleares).

Su propietario legal es el Estado español y está ubicado en Barcelona (Cataluña). Junto con el archivo del Vaticano y el de Indias es de los más importantes del mundo.

La institución, debido al papel que ha desempeñado en la historia y la cultura de Europa, cuenta desde 2015 con el reconocimiento «Sello de Patrimonio Europeo».

El Archivo de la Corona de Aragón fue catalogado en 2018 como «Memoria del Mundo» por la Unesco.

Ese reconocimiento “mundial” como archivo protegido también lo recibió el legado de Santiago Ramón y Cajal, científico aragonés Premio Nobel en 1906 que, durante toda su vida, fue un enamorado de Cataluña y un látigo del independentismo. 

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​2. El Patronato del Archivo de la Corona de Aragón.

El Patronato del ACA se constituyó el 20 de enero de 2007 como órgano colegiado, participado por el Estado español y las cuatro comunidades autónomas actuales que formaron parte de la Corona de Aragón (Aragón, Cataluña, Valencia e Islas Baleares). Pretendía aumentar la cooperación y mejorar la gestión de los fondos documentales.

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El independentismo catalán nunca ha querido que se reúna, pretende quedarse con lo que no es suyo.

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El Patronato jamás ha llegado a funcionar. Está bloqueado e inactivo por culpa del gran problema político catalán.

  • A la manera independentista:

Desde hace décadas los sucesivos gobiernos de la Generalitat de Cataluña quieren desmembrar del ACA fondos que reclaman como suyos e integrarlos en el sistema de archivos de Cataluña.

Al independentismo catalán su egoismo innato le impide toda confraternización, no puede asimilar que el contenido del ACA es patrimonio histórico de todos los antiguos reinos y territorios de la Corona de Aragón (no es de Cataluña, de Sicilia o de Aragón).

Los documentos están por orden cronológico, no hay manera de trocearlos y repartirlos de forma alguna.

  • A la manera aragonesa:

En 1996, impulsada por la Institución Fernando el Católico (la principal editorial científica aragonesa y una de las más importantes de España) y a instancia del profesor Guillermo Fatás, se forja una alianza entre el Ministerio de Educación y Cultura de España (titular del Archivo de la Corona de Aragón, en Barcelona) e Ibercaja (banco aragonés).

El ambicioso proyecto: bucear en los fondos documentales custodiados en el ACA para seleccionar, digitalizar y describir todos aquellos relacionados con el reino de Aragón.

La culminación: tras 18 años de ardua labor hoy todo el mundo puede consultar los documentos digitalizados (a color, con múltiples posibilidades de zoom, giro o retoques de luz) y las fichas descriptivas (siguen la norma archivística ISAD) que, como no podía ser de otra manera, también atañen a otros muchos territorios más allá del actual Aragón ⮕ FONDO HISTÓRICO DE ARAGÓN.

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3. Manipulación y desaparición de documentos en el Archivo de la Corona de Aragón.

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Por suerte no todos los archivos han caído en manos de quien yo me sé -tiemblo al pensar qué será de ellos-, y aún quedan documentos donde comprobar lo evidente.

«Aragón también existe. A pesar de la manipulación histórica de tantos timadores y mangantes…» por Arturo Pérez-Reverte (2000).

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Un siglo perduraron en el ACA los archiveros catalanes Bofarull.

  • Próspero de Bofarull y Mascaró fue nombrado director del Archivo de la Corona de Aragón por Fernando VII en 1814, cargo que desempeña hasta su jubilación en 1849 salvo el periodo 1839-1844, en que fue cesado por cuestiones políticas.
  • El hijo de Próspero, Manuel de Bofarull y de Sartorio, ingresa en el ACA en 1830 sucediendo a su padre como director en 1849, hasta 1892.
  • El sobrino de Próspero, Antonio de Bofarull y Brocà, ingresa en el ACA en 1846. Allí permanece durante cuarenta y seis años difundiendo leyendas al beber alegremente del «Llibre dels Feyts d’armes de Catalunya*»

*Llibre dels Feyts d’armes de Catalunya: falsamente considerado una joya de la literatura catalana medieval. Su autor, Joan Gaspar Roig i Jalpí (1624-1691), ejecutó un engaño extraordinario al asegurar que la obra (en realidad escrita por él en el siglo XVII) era una copia de un incunable de 1420 firmado por “Bernard Boadas”. El apócrifo ha sido usado como fuente para narrar la historia de la patria catalana durante siglos, hasta que en 1948 el medievalista y lingüista catalán Miquel Coll i Alentorn descubrió el timo. Las primeras piedras del nacionalismo se edificaron sobre una invención.

Antonio de Bofarull y Brocà sembró la semilla nacionalista en Cataluña con su obra: «La Confederación Catalano-Aragonesa realizada en el período más notable del gobierno soberano del conde de Barcelona, Ramón Berenguer IV» (1872). El término confederación catalano-aragonesa es un invento lanzado por este discutido “investigador”, pronto deriva en otro de mayor calado Corona catalano-aragonesa.

  • El nieto de Próspero e hijo de Manuel, Francisco Bofarull y Sans, sucede a su padre en la dirección del ACA en 1893, hasta su jubilación en 1911.

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Los Bofarull, a la tergiversación de conceptos (Antonio), también suman la manipulación documental (Próspero).

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El iniciador de la saga, Próspero de Bofarull, con el objetivo de engrandecer y magnificar el papel de Cataluña en la conquista del reino de Valencia (1238), decidió hacia 1847 reescribir el «Llibre del Repartiment del Regne de València» para que los catalanes no fueran minoría.

El historiador aragonés Antonio Ubieto (1923-1990), el más prestigioso medievalista de su época, en la década de los años ochenta lo desenmascara.

Próspero tachó y modificó burdamente el Llibre original en el que se registraban las donaciones de casas o terrenos hechas por Jaime I de Aragón a los que participaron en la conquista de Valencia, descartando asientos que se referían a repobladores aragoneses, navarros y castellanos.

Denunciar la manipulación de la historia común le supuso a Ubieto no solo que algunos historiadores catalanes lo despreciaran (el ultranacionalista que cree tener una idea clara política no cambia), es que también sufrió amenazas, que incluyeron pintadas con el nombre de sus hijos en los colegios donde estudiaban.

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Por si fuera poco, se añade a todo lo ya expuesto la desaparición documental.

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También hubo un conveniente “extravío” del testamento de Jaime I (legajo 758, según la antigua numeración) que establecía los límites de los reinos de Aragón, Valencia, Mallorca y del conjunto de los condados a los que se extendía la potestad de las Cortes catalanas (de los que el primero y mayor era el de Barcelona).

Se tiene constancia de parte de su contenido por citarlo el historiador aragonés Jerónimo Zurita en los «Anales de la Corona de Aragón», publicados desde 1562.

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Los dos documentos de la cancillería real conservados aún en el Archivo de la Corona de Aragón.

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Nótese que, por mucho que le duela a Crusafont debido a su exasperante empecinamiento con una Corona catalano-aragonesa, en ninguno de estos dos pergaminos, que dan fe del inicio de la Corona de Aragón, existe mención alguna al término "Cataluña" ni al gentilicio "catalanes",  pero sí explicitan "Barcelona" y "barceloneses".

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Manifiestan de forma clara que la Casa de Aragón prevaleció sobre la de Barcelona y que el título regio y el nombre de la estirpe (Aragón) se transmite de Ramiro a Petronila y de Petronila a Alfonso.

Traducciones: «Creación y desarrollo de la Corona de Aragón» por Antonio Ubieto (1987).

El rey Ramiro II de Aragón y el conde de Barcelona Ramón Berenguer IV acuerdan en Barbastro, en 1137, la cesión de Aragón por Ramiro, a condición de que el conde gobierne sin ser rey mientras viva su esposa, la heredera de Aragón. Entre tanto, el conde acepta al rey en la triple calidad de rey, señor y padre, tanto en Aragón como en sus condados. La Casa condal de Barcelona queda, así, subsumida en la Casa Real de Aragón, cuyo nombre llevaron, de hecho, todos sus descendientes.

Archivo de la Corona de Aragón
(CANCILLERIA, Pergaminos,
Ramón Berenguer IV, Serie General, 86r.)

  • Ramiro II comunica a sus súbditos que ha hecho donación de la hija y del reino (pero no de la dignidad real), a Ramón Berenguer. 11 de Agosto de 1137.

«En el nombre de Dios. Yo Ramiro, por la gracia de Dios rey de los aragoneses, doy a ti, Ramón, conde de los barceloneses y marqués, mi hija como esposa, y, con toda la integridad, el reino de los aragoneses, como mi padre el rey Sancho [Sancho Ramírez] o mis hermanos Pedro [Pedro I] y Alfonso [Alfonso I el Batallador] mejor siempre poseyeron y tuvieron, ellos o cualquier persona de cualquier sexo por ellos, salvados los usos y costumbres que mi padre o mi hermano Pedro tuvieron en el reino. Y te encomiendo todos los hombres del predicho reino bajo homenaje y juramento, para que te sean fieles de tu vida y de tu cuerpo y de todos los miembros que hay en tu cuerpo, sin cualquier fraude y engaño, y para que te sean fieles de todo el reino citado y de todas las cosas a dicho reino pertenecientes, salvada la fidelidad a mí y a mi hija. Todas estas cosas sobrescritas yo, citado rey Ramiro, de tal manera hago a ti, Ramón, conde de los barceloneses y marqués, que si mi hija citada muriese, sobreviviéndole tú, la donación del predicho reino libre e inmutablemente tengas, sin ningún impedimento después de mi muerte. Pero, entretanto, si algo de aumento o de transmisión de las honores o fortalezas del predicho reino, yo viviente, te quisiese hacer, bajo la citada fidelidad de los hombres que las detentan, firme e inmóvil permanezca. Y yo predicho Ramiro sea rey, señor y padre en el citado reino y en todos tus condados, mientras me pluguiese. Lo que es hecho el día 11 de agosto del año de la Encarnación del Señor de 1137, reinando el citado rey Ramiro.»

[Signo del rey Ramiro]

«Para que todas las cosas arriba escritas fiel e inalterablemente sean observadas, el citado rey Ramiro encomendó al conde de los barceloneses a sus barones abajo citados, con homenaje y
juramento. [Sigue la lista de los testigos]. Poncio, escriba [del conde Ramón], esto escribió, por orden del rey, el día y año predichos, y con su usual costumbre aquí puso su signo.»

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La reina Petronila lega el reino de Aragón a su hijo Alfonso.

Archivo de la Corona de Aragón
(CANCILLERIA, Pergaminos,
Alfonso I-II, Carpeta 42,15r.)

  • Petronila de Aragón concede a su hijo Alfonso II todo el reino de Aragón. 18 de Junio de 1164.

«Es decreto de legal autoridad que la cosa donada, si ha sido entregada, de ninguna forma pueda ser pedida por el donador. Por lo cual en nombre del rey eterno, yo, Petronila, por la gracia de Dios reina de los aragoneses y condesa de los barceloneses, mujer que fui del venerable Ramón Berenguer, conde de los barceloneses y príncipe de los aragoneses, con libre ánimo y dispuesta voluntad, con el consejo y consentimiento y providencia de [sigue la lista de los magnates, tanto de los aragoneses como de los barceloneses], doy y loo y te concedo a ti, mi querido hijo Alfonso, rey de Aragón y conde de Barcelona, que en el testamento de mi marido te llama Ramón, y a toda tu posteridad, todo el reino aragonés íntegramente,
también las ciudades y las fortificaciones, las villas y las iglesias y los monasterios, las tierras cultas y yermas, las rocas, los montes y las fuerzas y las aguas, todas las potestades, caballeros y hombres, dominaciones y señoríos, tanto de las tierras como de los hombres, y con todos los términos y posesiones y pertenencias que al citado reino de Aragón pertenecen y de cualquier modo deben pertenecer, y como alguna vez mi abuelo o antecesor mío mejor el reino de Aragón tuvieron o haber debieron, con entradas y salidas suyas íntegramente, juntamente con todos los aumentos y adquisiciones que con el concurso de Dios al citado reino pudieses adquirir o haber, por todas las cosas y en todas a ti
predicho mi hijo Alfonso y a toda tu posteridad lo traigo y dejo y doy, como mejor ser dicho o nombrado por boca humana, con toda su integridad, sin alguna voz y otra dominación allí por
mí de algún modo retenida. Y para que mejor de mi buena voluntad esta donación firme y estable en perpetuo sea habida y tenida, la confirmo con mi propia mano, y loo y concedo la disposición del testamento de mi marido y su última voluntad, de la misma manera que mi marido, tu padre, de todo el predicho reino y de las demás cosas estatuyó y ordenó en su testamento, del cual juramento de derecho fue corroborado por sus magnates, que la ordenación y última voluntad firme y estable, ahora y a perpetuidad firmemente persista. Si tú murieses sin descendencia legítima, que se siga lo ordenado en el testamento de mi marido, tu padre, entre tus otros hermanos. Si alguien contra esta escritura de donación intentase venir a romperla, que de ningún modo lo pueda hacer, sino que todo lo sobredicho doblemente lo componga y además este donativo en todo tiempo sea estable y firme. Hecho esto en Barcelona, a 18 de junio de 1164. [Signo de la reina Petronila], por la gracia de Dios reina de Aragón y condesa de Barcelona, que esto loo y confirmo y pido a los testigos que lo firmen. [Sigue la lista de los testigos].»

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Nunca existieron reyes de Cataluña o países catalanes [Països Catalans], el historiador debe ser honesto.

José Luis Corral, escritor y catedrático de Historia Medieval.

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El relato distorsionado de la Historia de Cataluña es una ficción que perdura hasta nuestros días.

Ni dinastía catalana ni Corona catalano-aragonesa ni hostias. Crusafont, para escribir de una vez novela histórica decente (sin la escusa de las moneditas de por medio), debiera emular menos a Jordi Bilbeny y pedir consejo al aragonés Javier Sierra, el escritor español contemporáneo más traducido.

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El proyecto de ley de los Presupuestos de la Generalitat de Cataluña para 2022 (redobla el desafío y dispara el gasto exterior), en el apartado de las cuentas sobre internacionalización de la cultura afirma: "teniendo presentes las aspiraciones del pueblo catalán de asumir un estado propio, hay que dar a conocer los fundamentos históricos milenarios de la existencia de una Cataluña soberana".

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Reproduzco en los comentarios un artículo clarificador: La España ininteligible.

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CONTINUARÁ…

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Un comentario en “PRÓLOGO. ASÍ MANIPULA EL INDEPENDENTISMO CATALÁN LA NUMISMÁTICA MEDIEVAL. 3ª Parte.”

  1. .

    La España ininteligible por Arturo Pérez-Reverte (2001):

    Pues eso. Que hojeo el catálogo de un librero de Barcelona, y en la primera página me ofrecen un manuscrito firmado por «la reina catalana» en 1406. Así que me digo hosti, tú, esa reina catalana a secas no la tenía censada. Y más abajo leo que esa reina era esposa «del rey Joan I de Catalunya-Aragó». Eso ya me suena un poco más, así que tiro de biblioteca, y caigo en la cuenta de que se refieren a la reina Violante, o Violant, sobrina del rey Carlos V de Francia, casada con Juan I -hijo de Pedro IV de Aragón-, II como rey de Valencia y III como conde de Barcelona-, a quien durante toda mi vida lectora había creído, de absoluta buena fe, rey del Reino de Aragón, de la Casa de Aragón -única casa real que figura en los anales y relaciones históricas de la época- y soberano de la Corona Aragonesa -conjunto de estados sobre los que gobernaba-, que incluía Cataluña, Aragón, Valencia, Sicilia y toda la parafernalia. Así que voy y me digo fíjate, chaval, uno se pasa la vida a vueltas con Zurita, Muntaner, Moneada, Desclot y Pérez del Pulgar, entre otros, juntando libros para saber de qué va esta murga y no meter la gamba, y resulta que al fin hay un librero de Barcelona que aclara las cosas, sin duda documentándolas en alguna Historia de las que se escriben ahora, gracias a Dios, para refutar las viejas falacias históricas que justifican una palabra, España, pronunciada y escrita a tontas y a locas durante cinco siglos. Falacias a las que no son ajenos historiadores catalanes vendidos al centralismo como el ampurdanés Muntaner, que en su relación histórica sobre los almogávares en Oriente llama «senyal real de Aragón» a la bandera de las cuatro barras, en vez de «escut de Catalunya» que por lo visto es lo correcto; y menciona también, creo recordar, esa tontería de apellidar «Aragón» como grito de batalla. Todo eso, pese a que el tal Muntaner estuvo en Oriente con los almogávares catalanes -algún aragonés también fue, creo- y debería saber mejor que nadie de qué iba el asunto. U otros abyectos manipuladores de la época que nunca utilizaron, quizás porque no existía, la expresión «confederación catalanoaragonesa» acuñada en el XIX ni llamaron «condes-reyes» a nadie, seguramente porque ningún soberano medieval habría tolerado semejante chorrada. Pero ya se sabe -sabemos ahora, merced a ciertos historiadores modernos que ponen las cosas en su sitio- que los soberanos medievales eran ideológicamente fascistas.

    Eso me recuerda, por cierto, que Julián Marías -el padre de mi vecino el perro inglés- también manipuló lo suyo en su interesantísima aunque obviamente sesgada España inteligible, cuando, citando a Pérez del Pulgar, cuya única credibilidad es que vivió lo que cuenta, recordaba la expedición de 1.481 para conservar Sicilia frente a los revoltosos y los turcos. Una expedición que Julián Marías llama española -no sé a santo de qué- sólo porque la componían, fíjense qué gilipollez, setenta naves de Vizcaya, Guipúzcoa, Galicia y Andalucía, movilizadas en socorro del reino de Sicilia, perteneciente a lo que el indocumentado del Pulgar llamó Corona de Aragón, defendido por tropas catalanas y aragonesas y socorrido por esa armada gallega y andaluza -reino de Castilla- con la colaboración de los vascos -incorporados al reino de Castilla desde el siglo XIV- que formaron el contingente principal. Supongo que obligados a culatazos por la Guardia Civil, como los miles de vascos que luego fueron a Italia, a las Indias y a los tercios de Flandes. Se aprecia, al mencionar esa irrelevante anécdota, la pérfida intención del señor Marías padre de plantear una España coherente y a veces solidaria; lo mismo que cuando otros hablan de la participación conjunta en la guerra de Granada, o recuerdan que la defensa del reino de Nápoles, de la Corona Aragonesa, se hizo con tropas mayoritariamente castellanas mandadas por Gonzalo Fernández de Córdoba, a quien Franco -se ha demostrado que fue él- bautizó como el Gran Capitán.

    Y en esas andamos. Después de que el régimen franquista le pusiera camisa azul al Cid y a Hernán Cortés y se apropiara -ahora sí que hablo muy en serio- de la Historia para adecuarla a sus imbéciles rutas imperiales, y de que, por reacción, el postfranquismo lo relegara todo al desván de la infamia, los eruditos a sueldo, esos formadores del espíritu nacional aldeano que convierten los hechos en tebeos de Astérix, han convertido una Historia común en diecisiete historias diferentes, eliminando todo lo que no encaja en la norma autonómica. Como diría Caro Baroja, conviene distinguir entre un Heródoto o un Bernal Díaz del Castillo, que cuentan con veracidad, y un moralista como Tácito o un cura patriotero y facilón corno el padre Mariana; y lo cierto es que, comparado con algunos de los engañaniños que ahora nos reescriben la memoria, el padre Mariana parece Suetonio y Heródoto juntos. O algo así.

    .

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